Sociedad

cabecera_futuro_950.jpg

La corrupción de la madre superiora

Los años que duró la regencia de Mariana de Austria, allá por el siglo XVII, la corrupción campó a sus anchas por el reino

0
Jue, 11 Mayo 2017

Es noticia en estos días el seudónimo utilizado por Marta Ferrusola como “Madre superiora” dentro de unos documentos con un lenguaje tan chocarrero que si no fuese por la gravedad del asunto podría sonar a chufla.

No obstante en esta sección vivimos en otro siglo y tomamos la actualidad como trampolín hacia el pasado rescatando personajes pioneros en temas del presente. Y como lo que prima en nuestros días es la corrupción damos la bienvenida a otra “madre superiora”, una monja muy unida al tema de la corrupción. Recibamos a su majestad Mariana de Austria.

Mariana de Austria también fue monja como Marta Ferrusola.

Segunda esposa de Felipe IV y madre de Carlos II, la reina Mariana de Austria ha sido retratada desde los más diversos puntos de vista, desde la apocada princesa europea que tuvo que casarse con su decrépito tío para sufrir luego la muerte de su hija predilecta la infanta Margarita (protagonista del cuadro de las Meninas) hasta la reina pasional, orgullosa y cruel que describe Olivier Duhamel en su novela La Leyenda de las reinas, libro que por cierto está más cerca de cualquier culebrón de media tarde que del rigor histórico.

Mariana de Austria mundialmente conocida por aparecer junto a su esposo en el espejo de las Meninas.

Lo cierto es que los años que duró la regencia de Mariana de Austria, allá por el siglo XVII, la corrupción campó a sus anchas por el reino.

A la muerte de Felipe IV, Mariana de Austria vistió los hábitos y por la corta edad de su hijo tomar las riendas del gobierno. Una regencia compleja llena de chupópteros que solo veían en la política una forma de medrar y por si fuera poco el difícil cóctel político se envenenó del todo con varios escándalos de asesinatos políticos como el de José Malladas un caballero aragonés que presuntamente formaba parte de una conjura.

En la infancia de Carlos II la corrupción estaba tan presente que inconscientemente o no, se retrató al niño junto a una mesa incautada a un viejo corrupto, Rodrigo Calderón.

Un complot que tenía un objetivo claro, acabar con  Juan Everardo Nithard, confesor de la reina y verdadero dirigente del país. Para complicarlo todo, el principal opositor de Nithard era otro personaje de novela. Don Juan José de Austria, hijo bastardo del difunto rey y claro pretendiente al trono.

Sobra decir que Mariana de Austria y don Juan José no se podían ni ver pero en la lucha política él jugó mejor las cartas al hacer uso de los incipientes medios de comunicación, lanzando acusaciones en las gacetas y pasquines de la época.

Juan José de Austria un pionero en el uso los medios de comunicación como arma política.

Al final el ambicioso confesor tuvo que abandonar el reino pero no se sabe si fue peor el remedio que la enfermedad, pues la reina siguió apostando por la figura del valido, es decir una especie de representante de la corona que de ser competente igual era útil para el reino, pero la reina madre propuso a un advenedizo de tomo y lomo. Fernando de Valenzuela, apodado el Duende de Palacio, el cual tenía como mayor virtud el conocer todos los chismorreos que circulaban por la corte.

Cuando la situación no podía ser más rocambolesca Valenzuela ganó el título de Grande de España, haciendo que la nobleza montase en cólera al saber que el único mérito que hizo consistió en aguantar como un campeón el accidental disparo que le propinó el rey Carlos II durante una cacería.

Se dijo de Mariana de Austria que no puso freno a la corrupción pero no es cierto, pues tres años después de morir el embajador austriaco vio su cadáver y afirmó que estaba intacto como el primer día. Demostrando así, que siempre que se quiere hay una justificación para decir que si se lucha contra la corrupción.

 

Miguel Zorita es cronista y licenciado en Bellas Artes y autor entre otras obras de Cervantes Madrid y el Quijote (Ed. La Librería).