Sociedad
Baltasar Gracián con sus espectaculares sermones ya había coqueteado, unos años antes de aparecer las cartas, con este tipo de cuestiones argumentando para pasmo de sus fieles que contaba en su haber con una carta venida del infierno

¿Inventaron Jesucristo y la Virgen el correo spam?

Existen unas cartas escritas por Jesucristo con mecanismos psicológicos que dada la época obligaban al lector piadoso e incauto a creer en ellas

0
Jue, 3 Ago 2017

¿Quién no ha abierto alguna vez el correo electrónico encontrándose con un inesperado mensaje para atraer la buena fortuna? ¿Cuántas de estas cadenas de mensajes no amenazan con la pésima suerte que correrá el lector si no la reenvía?

A tanto llegaron estos pesadísimos mensajes que lograron una categoría propia en las carpetas del correo electrónico, hablamos, del famoso correo spam. Hasta aquí nada nuevo, pero… ¿Y si resulta que los inventores de tales correos fuesen nada más y nada menos que Jesucristo y la Virgen María?

Eso es al menos lo que podemos deducir del expediente 23 del legajo 4443 y del expediente 20 del legajo 4459 de los escritos inquisitoriales del Archivo Histórico Nacional. 

Portada de una de las cartas incluida en los archivos de la Inquisición del Archivo Histórico Nacional (Legajo 4443/ Expediente 23).

Ambos documentos fueron redactados 1690 a raíz de la aparición ese mismo año de unas extrañas cartas supuestamente copiadas de una original encontrada en Roma y que tenía como mérito haber sido escrita por nuestro señor Jesuchristo. No obstante, los inquisidores advirtieron que: "Aunque están mudadas algunas cláusulas todas las cartas parecen ser una misma"
Afortunadamente entre los papeles del proceso se incluye un ejemplar de la carta estampada un pliego de la madrileña imprenta de Julián de Paredes.

La carta en cuya credibilidad a nivel histórico es nula, tiene una serie de mecanismos psicológicos interesantísimos que dada la época obligaban al lector piadoso e incauto a creer en ellas. Desde su hallazgo milagroso en Roma, hasta las expresiones de Jesucristo que como autor de la carta van conduciendo al lector por los mismos derroteros que los pesadísimos mensajes en cadena que advierten de asombrosos peligros y no menos fantasiosas ventajas.

El Mesías que se presenta muy agraviado inicia la misiva amenazando con destruir a la humanidad a menos que la cristiandad vaya a misa y cumpla con los preceptos que se esperan de toda alma piadosa. 

Aunque sigue siendo un enigma el autor humano que hay detrás de estas cartas, si sabemos que se imprimieron en la actual plaza del Ángel de Madrid.

Ahora bien, ¿qué hacer ante una carta así? Si uno es un desconfiado y no cree que está escrita por mano divina el mismo texto por boca de Jesucristo le castiga a ser maldito en los cielos, y en la tierra. Pero podía ser peor, pues parece más importante aún, dar difusión a la carta, ya que la condena que el mismo Jesucristo ordena para aquellos que no la reenvían es:

Os tengo de embiar piedra y moriréis mala muerte; y haré que la tierra os trague, y a vuestros hijos embiarè canes rabiosos para que os traguen.
Afortunadamente para los crédulos que la compartan hay premio: qualquiera que en esta Carta llevare de una parte a otra, irá a mi gloria, y serán perdonados sus pecados, y el que esta trasladare, será bendita su casa, y el día del juicio estará a mi mano derecha, y alcanzará mi bendición.

Baltasar Gracián con sus espectaculares sermones ya había coqueteado, unos años antes de aparecer las cartas, con este tipo de cuestiones argumentando para pasmo de sus fieles que contaba en su haber con una carta venida del infierno.

Detalle este de la difusión de la carta en el que se vuelve a insistir más adelante:

La persona que la trasladare por su dinero, o la llevare por su dinero de una parte a otra (esta carta), o la hiziese llevar, será bienaventurado él y toda su casa, y nunca verà el demonio, ni será tentado a la hora de su muerte, ni verá mala visión en tanto que la traxere consigo.

Décadas después hubo nuevas oleadas con la Virgen María como autora de las cartas pero con las mismas acechanzas, un Jesucristo enfadadísimo por el despiporre humano y las terribles consecuencias de quien no enviase estas misivas.

En resumidas cuentas, podemos hablar de unas cartas que inventadas posiblemente en aquella España del siglo XVII dieron origen al correo spam, a las cadenas de whatsapp y todos esos mensajes que juegan con algo que nunca parece se vaya a acabar, el temor a los castigos y la codicia por privilegios fáciles de alcanzar.

 

Miguel Zorita es cronista y licenciado en Bellas Artes y autor entre otras obras de Cervantes Madrid y el Quijote (Ed. La Librería).