jueves 2 septiembre 2010

05/01/2008

   El Plural / Tribuna libre

  TRIBUNA LIBRE

El I+D+i

Uno de los aspectos que más llama la atención es la falta de competitividad de nuestro sistema productivo, debido a la escasa inversión en investigación y desarrollo, haciendo realidad el dicho español “que investiguen los otros”. La cantidad de royaltíes que España paga en el uso de patentes extranjeras cada año es muy importante.

En la cumbre de Lisboa del año 2000, a la que asistió Aznar como presidente, se marcaron una serie de objetivos para lograr que la Unión Europea fuera competitiva frente a Estados Unidos y Japón. Para ello, se marcó como objetivo alcanzar una financiación del 3% del PIB comunitario, aportada en sus dos terceras partes por el sector privado y una tercera parte por el sector público.

En la segunda legislatura de Aznar (2000-2004) el gasto del PIB en I+D+i osciló sobre el 0,9 % y además casi un 40% del mismo, tenía un origen militar. Es decir, fueron cuatro años perdidos en la modernización del país, siendo uno de los aspectos criticables de la política aznariana.

Con la llegada al poder del socialista Zapatero, la situación ha cambiado algo, pues se ha puesto como objetivo prioritario el I+D+i y se calcula que a finales del año 2007, se llegará al 1,4 % del PIB. El Estado ha duplicado su presupuesto ya que ha pasado de los 2.900 millones de euros del año 2004, a los 7.680 millones del año 2008. Se han duplicado las becas y se han aumentado los denominados contratos de Ramón y Cajal, reservados a los investigadores doctorados.

El propio Plan de Investigación, Desarrollo e innovación (2008-2011) alcanzará los 48.000 millones de euros. Las autonomías aportan ya un tercio del dinero público destinado a I+D+i y están creando modelos administrativos de gestión originales, intentando superar las rigideces con las que funciona el actual sistema.

Si seguimos al ritmo de crecimiento anual en inversión, con aumentos del 16% del presupuesto, en cinco años estaremos al nivel de Francia, pero todavía lejos de alcanzar el 3% del PIB requerido en Lisboa en el año 2000.

Está claro, que el nivel de inversión en I+D+i está creciendo a buen ritmo y ese es el camino correcto en cuanto al futuro. El problema es que ese dinero sea gastado de forma eficiente para que realmente sirva para mejorar nuestra competitividad. Ahí es donde surgen las dudas, porque se ha quedado sin reformar el modelo de gestión pública del I+D+i. Un modelo obsoleto, que dificulta la eficaz utilización del dinero del Estado.

Nuestro país tiene una distribución del dinero invertido en el año 2006, del 47,1% por parte del capital privado y del 52,9% de dinero público. Esto supone un peligro puesto que las economías punteras lo hacen con dos tercios del capital invertido en manos privadas, con lo que aquí estamos en un sistema invertido, que necesariamente hay que corregir, haciendo que sea el sector privado quien más invierta.

El problema radica, como señala el Instituto de Prospéctiva Tecnológica de la Comisión Europea, que sólo tenemos 23 empresas españolas entre las mil empresas europeas que más invierten en investigación e innovación. Sólo uno de cada cinco investigadores españoles trabaja en el sector privado. El problema es que tenemos grandes bancos pero no tenemos empresas como Siemens o Nokia.

España muestra un nivel aceptable actualmente en lo que se denomina investigación básica, pero carece de investigación aplicada. Pensamos mucho en investigación y muy poco en el desarrollo e innovación.

Sirva como ejemplo, que en el año 2006 contábamos con 1093 patentes, un 29% más que en 2004 que fueron 774, pero muy lejos de las 24.867 registradas por Alemania, las 8010 de Francia o las 7.327 de Holanda.

Es necesaria e imprescindible la transformación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en una Agencia, para que así ésta adquiriera la flexibilidad necesaria para poder atender mejor las demandas de investigación. El CSIC tiene 15.500 personas contratadas, de las cuales unas 8.000 son investigadores y artífices de la mayoría de patentes españolas.

Se calcula que la comunidad científica del país está formada por 116.000 personas, estimándose que para el año 2012 necesitemos otros 70.000 investigadores más. En la pirámide de la investigación se ha ganado mucha base pero apenas hemos ganado altura, pues han entrado muchos nuevos investigadores sin pasar por un control exigente de calidad. A ello debemos unir la carencia de técnicos e ingenieros de apoyo que en los grandes centros de investigación suponen hasta el 30% del personal.

Una de las alternativas para mejorar nuestro I+D+i pasaría, por un lado, por recuperar los más de mil investigadores jóvenes de gran nivel que están en el extranjero, pero estos no volverán por los 4.000 euros mensuales que se les ofrecen., sino por bastante más y con garantías de estabilidad y de grandes medios de investigación. Por el otro lado, estaría en atraer investigadores extranjeros, pero al igual que con nuestros jóvenes investigadores que están en el extranjero, no lo atraemos por nuestras condiciones salariales que no son competitivas.

Otro grave problema, que tenemos, es la Universidad, donde los niveles de investigación de la misma son mínimos. Sirva como ejemplo, que entre las doscientas universidades mejor consideradas del mundo sólo esté la de Barcelona ocupando el puesto 190. Aquí nos hemos preocupado de tener universidades en cualquier ciudad pequeña, pero de su calidad educativa y de sus procesos de investigación nada de nada. Como dice Joan Guinovard “el futuro de la empresa no depende de la mano de obra, sino del cerebro de la obra”. Tenemos que repensar la función de la Universidad y que se favorezca en ello el proceso de investigación.

Está claro, que hemos perdido capacidad de investigación en determinados sectores, como es en el automóvil y en información. Sin embargo, tenemos campos como la biotecnología, la nanotecnología, la tecnología de las comunicaciones y de la información, energías renovables (solar, eólica, etc.) o en la desalación del agua que poseemos tecnología y empresas punteras.

Es bueno, que todo el arco político llegué a un Pacto de Estado para aumentar la inversión en I+D+i, para alcanzar el 3% del PIB pues ese es el único camino para el progreso de nuestra sociedad.

EDMUNDO FAYANÁS ESCUER

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